Colombia inicia este viernes una nueva etapa política con la asunción de Abelardo de la Espriella como presidente para el período 2026-2030. El abogado y empresario, vencedor por un estrecho margen en el balotaje de junio, reemplazará a Gustavo Petro y pondrá fin al primer gobierno de izquierda de la historia del país. La ceremonia se realizará en Cali, en una decisión inédita que rompe con la tradición de las investiduras en Bogotá y que, según el mandatario electo, busca simbolizar un proceso de descentralización del poder.
La elección de Cali también responde a un fuerte componente político y de seguridad. La ciudad, ubicada en una región golpeada por la violencia de grupos armados, permanecerá bajo un amplio despliegue de protección con unos 11.000 efectivos de las fuerzas de seguridad, vigilancia aérea y sistemas antidrones. El acto contará con la presencia de numerosos líderes internacionales, entre ellos el presidente argentino Javier Milei, el rey Felipe VI de España y otros mandatarios de América Latina, además de representantes de Estados Unidos, Israel y la Unión Europea.
Un cambio de rumbo para Colombia
De la Espriella llega al poder con la promesa de aplicar una política de mano dura contra las organizaciones criminales, abandonar la estrategia de negociación impulsada por Petro y fortalecer la cooperación con Washington. Durante la campaña anunció que dará un plazo a los grupos armados para someterse a la justicia y, en caso contrario, intensificará las operaciones militares. También adelantó un programa de reducción del gasto público, cierre de organismos estatales y un recorte de hasta el 40% del tamaño del Estado.
El nuevo mandatario asumirá, sin embargo, en un contexto complejo. Colombia enfrenta un aumento de la violencia atribuida a las guerrillas, las disidencias de las FARC y organizaciones como el Clan del Golfo, además de un elevado déficit fiscal, una crisis en el sistema sanitario y desafíos energéticos vinculados a la sequía y la caída de las reservas de hidrocarburos. A ello se suma la necesidad de construir mayorías parlamentarias para avanzar con su agenda legislativa.
La transición también estará marcada por una fuerte polarización política. Gustavo Petro no asistirá a la ceremonia porque considera que las elecciones estuvieron viciadas por un fraude, una denuncia que no fue respaldada por las autoridades electorales. El Pacto Histórico, la coalición del presidente saliente, anunció que ejercerá una oposición activa y convocó movilizaciones en distintas ciudades del país coincidiendo con la investidura, mientras Petro prometió liderar un movimiento de resistencia y «desobediencia civil».
Con un discurso alineado con referentes de la nueva derecha latinoamericana y una relación cercana con Donald Trump y Javier Milei, De la Espriella buscará imprimir un cambio profundo en la política colombiana. Sus primeras decisiones serán observadas de cerca tanto dentro como fuera del país, ya que marcarán el rumbo de una administración que promete modificar la estrategia de seguridad, redefinir la política exterior y reordenar la estructura económica del Estado en uno de los momentos más delicados de la historia reciente de Colombia.

