Andy Burnham juró este lunes como nuevo primer ministro del Reino Unido, luego de que el rey Carlos III le encomendara formar gobierno en una audiencia en el Palacio de Buckingham. El exalcalde de Mánchester sustituyó a Keir Starmer, quien presentó su renuncia horas antes tras perder el respaldo interno del Partido Laborista. «Gran Bretaña debe demostrarle al mundo que podemos recuperar nuestra estabilidad. Ese es nuestro reto», afirmó Burnham en su primer discurso desde Downing Street, donde también reconoció el desgaste de la ciudadanía con la política tradicional y prometió convertir su llegada al poder en «un punto de inflexión».
Un ascenso relámpago hacia el poder
Conocido como «el rey del norte» por su base de apoyo territorial, Burnham llegó al cargo tras un recorrido inusualmente veloz: renunció a la alcaldía del Gran Mánchester, que ejercía desde 2017, ganó una elección parcial para volver a ocupar una banca en los Comunes el 18 de junio y, apenas unos días después, fue proclamado líder laborista con el respaldo de 379 diputados, sin que ningún otro candidato le disputara el cargo. Nacido en Liverpool en 1970 y fanático confeso del Everton, Burnham había competido sin éxito por la conducción del partido en 2010 y 2015, hasta que la debacle electoral laborista de mayo y la creciente presión sobre Starmer le abrieron una tercera oportunidad.
Un gabinete con nombres clave
Antes de dar a conocer su equipo, el nuevo primer ministro protagonizó una fuerte renovación del gabinete: dejaron sus cargos referentes cercanos a Starmer como la ex canciller Rachel Reeves y el ex ministro de Justicia David Lammy. En su lugar, Burnham designó a Ed Miliband como nuevo canciller y sorprendió con el nombramiento de John Healey —hasta entonces crítico del presupuesto militar del gobierno saliente— al frente de las finanzas públicas. Shabana Mahmood continuará como ministra del Interior, mientras que Louise Haigh pasará a liderar la oficina del Gabinete como principal colaboradora del nuevo jefe de Gobierno.
El desafío del costo de vida y un giro hacia mayor intervención estatal
El nuevo primer ministro adelantó que su prioridad inmediata será aliviar el costo de vida, con medidas como la posible reinstauración de un tope de dos libras para los boletos de colectivo y una reducción en las tarifas energéticas. En el plano económico, Burnham planteó un cambio de enfoque respecto a la herencia de las privatizaciones de la era Thatcher: evalúa avanzar con la propiedad pública de sectores estratégicos, entre ellos la Lotería Nacional y la empresa de agua Thames Water, además de extender a otras regiones el modelo de transporte público municipalizado que ya había implementado en Mánchester. Estos planes generaron críticas desde la oposición, que los interpreta como un retroceso hacia políticas de mayor intervención estatal.
Los interrogantes que deja su llegada
Pese al perfil más cálido y comunicativo que mostró frente a la tibieza que se le achacaba a Starmer, todavía no está claro hacia dónde orientará Burnham al laborismo en materia ideológica, ni cómo definirá cuestiones sensibles como la política migratoria, la relación con la Unión Europea tras el Brexit o su postura frente a los conflictos en Medio Oriente, incluida Gaza. En el plano internacional, también se aguarda cómo evolucionará el vínculo con Estados Unidos, después de que Donald Trump elogiara sus planes de acelerar las perforaciones petroleras en el Mar del Norte. Con elecciones generales en el horizonte hacia 2029 y el ascenso de la ultraderecha de Nigel Farage como principal amenaza electoral, el nuevo gobierno laborista deberá definir en sus primeras semanas el rumbo de una gestión que asumió sin plataforma electoral propia.

