Bolivia puso en marcha un nuevo plan de seguridad junto a Brasil para reforzar el control en la extensa frontera que comparten ambos países, en medio de una creciente preocupación por la expansión de organizaciones criminales vinculadas al narcotráfico. La iniciativa fue presentada en Guayaramerín, una ciudad boliviana ubicada a orillas del río Mamoré y frente a la localidad brasileña de Guajará-Mirim.

El programa, denominado “Frontera Segura”, prevé un aumento de la presencia policial, operaciones coordinadas y un mayor intercambio de información entre las fuerzas de seguridad de ambos países. Además, contempla mecanismos de cooperación para localizar y detener a sospechosos que intenten cruzar la frontera, con evaluaciones periódicas sobre los resultados y posibles ajustes en su implementación.

La disputa por las rutas del narcotráfico

Las autoridades bolivianas atribuyen parte de la reciente escalada de violencia a la presencia y disputa territorial de grupos brasileños como el Primeiro Comando da Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV). Según el Gobierno, estas organizaciones buscan controlar corredores utilizados para trasladar cocaína desde Bolivia hacia Brasil y otros mercados internacionales, aprovechando la movilidad y los vínculos comerciales existentes en las localidades fronterizas.

En las últimas semanas se registraron asesinatos, ataques armados y otros hechos violentos que generaron alarma en distintas zonas del país. El Gobierno informó que, desde el inicio de la actual administración en noviembre, fueron detenidos y expulsados 17 presuntos líderes de organizaciones criminales internacionales. En paralelo, datos oficiales muestran un aumento de los homicidios y de otros delitos, como secuestros y asaltos armados.

Guayaramerín se encuentra entre los principales puntos de preocupación por su intensa conexión cotidiana con Brasil y las dificultades para controlar una extensa región amazónica. Habitantes de la zona también han advertido sobre la facilidad con la que personas y mercancías atraviesan el río Mamoré, mientras las autoridades reconocen la necesidad de reforzar los controles y ampliar la capacidad operativa de las fuerzas de seguridad.

El desafío, sin embargo, trasciende el despliegue policial. La cooperación bilateral busca avanzar sobre las redes que sostienen las actividades criminales y evitar que las ciudades fronterizas se consoliden como bases de operación. A esto se suma el debate sobre futuros proyectos de infraestructura, como un puente entre Bolivia y Brasil que podría impulsar el comercio, pero que también plantea nuevas exigencias en materia de control y seguridad.