En un recrudecimiento de la violencia que azota al sistema judicial ecuatoriano, la fiscal Alexandra Gloria Bravo Cedeño y su hermana, Olinda Emperatriz Bravo Cedeño, fueron asesinadas en un ataque armado perpetrado en la provincia costera de Manabí, al occidente del país. El doble homicidio, confirmado por la Fiscalía General del Estado (FGE), tuvo lugar en la ciudad de Manta, un punto crítico de operaciones del narcotráfico en la región, mientras la funcionaria cumplía sus labores asignadas a la delegación vecina de Montecristi.

Ante el crimen, la Fiscalía emitió un enérgico comunicado de rechazo, interpretando el suceso como un mensaje directo de las bandas criminales: “Este atentado constituye una represalia contra la lucha frontal y permanente que esta institución mantiene frente a las estructuras delictivas que amenazan la seguridad del país”, señaló la entidad, que además declaró al Ministerio Público en luto nacional por este hecho que conmociona a todo el territorio.

A nivel profesional, la fiscal Bravo Cedeño se destacaba por liderar complejas investigaciones relacionadas con homicidios, sicariatos, secuestros y delincuencia organizada. De forma más reciente, estaba encargada de esclarecer las causas detrás de un masivo incendio que destruyó unas 35 embarcaciones artesanales en un puerto pesquero de Manta, un suceso bajo sospecha de extorsión y sabotaje por parte de las mafias locales narco.

Justicia bajo fuego y el antecedente de Manabí

El Ministerio Público anunció que, en estricta coordinación con las fuerzas de seguridad y la Policía Nacional, activará todos los protocolos de inteligencia e investigación para identificar, capturar y sancionar a los autores materiales e intelectuales del ataque.

Este suceso no es un hecho aislado. La provincia de Manabí, y concretamente su zona portuaria, se ha convertido en uno de los escenarios más peligrosos para el ejercicio de la justicia en el país. En años anteriores, la región ha sido testigo de atentados similares, como los asesinatos del fiscal Marcelo Vázcones, la fiscal Luz Marina Delgado y de varios secretarios judiciales pertenecientes a las unidades de Delitos Contra la Vida.

Desde que el gobierno central declaró el estado de «conflicto armado interno» para combatir a los carteles de la droga y las bandas criminales declaradas como grupos terroristas, los operadores de justicia —jueces, fiscales y policías de investigación— han pasado a ser objetivos prioritarios de las mafias. Con este último crimen, la Fiscalía General de Ecuador reitera las crecientes demandas internacionales y locales que exigen esquemas de protección y blindaje de seguridad mucho más rigurosos para quienes persiguen el crimen organizado transnacional.

Los ecuatorianos, mientras tanto, miran el Mundial de fútbol

El Mundial 2026 se vivió la noche de este domingo como una auténtica fiesta en Ecuador durante el debut de la selección nacional frente a Cote d’Ivoire en Filadelfia, Estados Unidos, en una jornada que movilizó a millones de aficionados y convirtió la transmisión del partido en un evento de unidad, celebración y pasión futbolera.

Desde horas antes del encuentro, el ambiente mundialista se extendió por ciudades, barrios y comunidades de todo el país.

Centros comerciales, restaurantes, plazas y espacios públicos instalaron pantallas gigantes para seguir el compromiso, mientras miles de personas se reunieron para alentar a la “Tricolor”, como se conoce al combinado ecuatoriano.

Vestidos con camisetas de la selección, portando banderas, gorros, y haciendo sonar vuvuzelas (trompetas), familias enteras, grupos de amigos y trabajadores compartieron la emoción del estreno mundialista.

La jornada volvió a confirmar al fútbol como uno de los principales elementos de identidad y cohesión social en Ecuador, aunque la selección “tricolor” terminó perdiendo por 1 a 0 con el fuerte elenco africano.

Cánticos, celebraciones y momentos de tensión propios de un partido disputado mantuvieron la atención de los aficionados hasta el pitazo final.