El gobierno cubano atraviesa uno de los momentos de mayor presión económica desde la Revolución de 1959, producto de un bloqueo petrolero impulsado por la administración de Donald Trump que, según reconocieron sus propias autoridades, llevó a la isla «al límite». Así lo planteó el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, uno de los principales interlocutores de La Habana con Washington, en una entrevista concedida a The New York Times durante una visita a Cuba con la primera visa de prensa otorgada al medio en casi ocho años.
El impacto de la presión estadounidense
El turismo se desplomó y la red eléctrica colapsó en tres oportunidades durante nueve días de este mes, mientras que los aliados históricos de la isla se mostraron reticentes a desafiar la orden de Trump de no enviarle combustible, con la excepción de un único cargamento ruso llegado en marzo. Pese a ese escenario, el funcionario remarcó que el Gobierno se mantiene en pie y que la población encuentra maneras de sobrellevar la crisis. Desde Washington, portavoces de la Casa Blanca y el Departamento de Estado señalaron a Cuba como una amenaza a la seguridad nacional y la acusaron de albergar terroristas —algo que el país niega— además de responsabilizarla por su propia crisis energética, al sostener que vendió combustible para beneficiar a sectores privilegiados y descuidó el mantenimiento de su red eléctrica.
Reformas económicas como salida, pero sin ceder en lo político
Consultado sobre qué margen de negociación existe frente a las exigencias estadounidenses, Fernández de Cossío fue tajante: así como Washington jamás negociaría su Constitución con otro país, Cuba tampoco discutirá sus asuntos políticos internos. La estrategia oficial, explicó, pasa por una serie de reformas económicas recientes orientadas a atraer inversión extranjera, una apertura que, según remarcó, no excluye a empresas ni inversores estadounidenses, incluido el propio presidente Trump. El funcionario advirtió, además, sobre las consecuencias de una eventual escalada militar: calificó de «absurda» la posibilidad de una intervención armada y afirmó que, de producirse, provocaría miles de muertes tanto en Cuba como entre soldados estadounidenses, sin que quede claro qué objetivo concreto perseguiría Washington con esa acción.
La incógnita sobre una «Isla Trump» y el rol de otros países
El viceministro también se refirió a las versiones sobre un proyecto turístico de lujo en una isla cubana que un desarrollador de Emiratos Árabes Unidos habría ofrecido a la Organización Trump. Aunque evitó confirmar negociaciones concretas, aseguró que Cuba está abierta a recibir inversión de cualquier origen, sin excluir al propio mandatario estadounidense, siempre que cualquier proyecto respete la legislación cubana. Según precisó, son las leyes de Estados Unidos —no las cubanas— las que actualmente impiden ese tipo de operaciones. Respecto al suministro de combustible, el funcionario expresó su expectativa de que en algún momento lleguen nuevos envíos desde países como Rusia, México o Brasil, al sostener que la capacidad estadounidense de aislar a la isla y condicionar las exportaciones de terceros países «no puede durar para siempre».

