El gobierno de Donald Trump se encamina a anunciar formalmente un acuerdo de cooperación nuclear civil con Arabia Saudita que podría habilitar al reino a enriquecer su propio combustible atómico, según reportaron distintos medios estadounidenses citando fuentes oficiales. El pacto, que tendría una vigencia de 30 años, contempla la participación de empresas estadounidenses que aportarían tecnología y experiencia para el desarrollo del programa saudita, en momentos de fuerte tensión regional por la guerra con Irán.
Los términos del posible acuerdo
Antes de que pueda comenzar cualquier proceso de enriquecimiento, un equipo conjunto de ambos países deberá evaluar si el proyecto resulta justificado y comercialmente viable. En ese escenario, serían empresas estadounidenses las que construirían la instalación, sin transferir tecnología sensible al reino saudita, que además tendría prohibido desarrollar o adquirir su propia tecnología de enriquecimiento durante una década. Un punto especialmente sensible del pacto es que Arabia Saudita no estaría obligada a suscribir el Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica —el mismo estándar de supervisión que sí aceptó Emiratos Árabes Unidos en 2009—, algo que el reino había resistido durante años por temor a que las inspecciones pudieran extenderse a la ciudad santa de La Meca o a los palacios reales. En su lugar, se establecería un mecanismo bilateral de salvaguardias que deberá ser ratificado por la Junta de Gobernadores del organismo internacional.
Las dudas sobre la proliferación
La posibilidad de que Arabia Saudita acceda a tecnología de enriquecimiento generó resistencia tanto dentro del Congreso estadounidense, en legisladores de ambos partidos, como en funcionarios israelíes, que temen que un programa nuclear civil pueda derivar con el tiempo en el desarrollo de armamento atómico. Israel, país al que ampliamente se le atribuye un arsenal nuclear no declarado aunque nunca reconocido oficialmente, observa con particular recelo cualquier avance saudita en esta materia, más aún en momentos en que el reino no mantiene relaciones diplomáticas con el Estado judío. El secretario de Estado, Marco Rubio, evitó confirmar los detalles del acuerdo pero aseguró que Washington «no va a llegar a ningún acuerdo con ningún país del mundo que implique un riesgo de proliferación».
El contexto regional
El anuncio se produce en medio de una escalada de violencia en la región: la semana pasada Arabia Saudita y los rebeldes hutíes de Yemen —respaldados por Irán— protagonizaron intercambios de ataques que pusieron en riesgo la tregua vigente desde 2022, después de que los hutíes atacaran el aeropuerto de Saná para impedir el regreso de una delegación iraní. En ese marco, Irán, principal rival regional de Arabia Saudita, mantiene sus propias reservas de uranio enriquecido y ha insistido en que continuará con su programa nuclear pese a los bombardeos estadounidenses de los últimos meses, mientras que el príncipe heredero saudita, Mohammed bin Salman, advirtió en el pasado que su país buscaría desarrollar armamento atómico si Teherán llegara a fabricar uno.
Un objetivo de larga data para Washington
Estados Unidos había intentado avanzar durante años en un acuerdo nuclear civil con Arabia Saudita, un proyecto que durante el gobierno de Joe Biden se enmarcaba en una estrategia más amplia orientada a la normalización de relaciones entre Riad y Jerusalén. Esas negociaciones quedaron estancadas tras los ataques de Hamas del 7 de octubre de 2023, hasta que la administración Trump retomó las conversaciones el año pasado. Se espera que el pacto sea enviado al Congreso estadounidense en los próximos días, aunque su entrada en vigor no depende de una aprobación legislativa formal.

