La Cámara de Diputados de Italia dio este jueves el primer visto bueno a la reforma electoral promovida por el gobierno de Giorgia Meloni, un proyecto que ahora deberá ser tratado por el Senado. La iniciativa fue aprobada con 217 votos a favor y 152 en contra, aunque la votación se produjo en un contexto de fuertes diferencias dentro de la coalición oficialista, que en los últimos días sufrió reveses parlamentarios y reavivó las especulaciones sobre una eventual convocatoria anticipada a elecciones.
La propuesta plantea modificar el sistema vigente por un esquema mixto, con representación proporcional y un premio de mayoría para la fuerza ganadora, además de mantener listas cerradas para la elección de legisladores. El debate se aceleró luego de que una enmienda impulsada por Fratelli d’Italia, el partido de Meloni, fuera rechazada por apenas un voto durante una sesión realizada a comienzos de la semana pasada, dejando al descubierto divisiones entre los socios del oficialismo.
Presiones dentro del oficialismo
Las dificultades para mantener una mayoría cohesionada generaron incertidumbre sobre la estabilidad política del Ejecutivo. Distintas versiones de la prensa italiana señalaron que Meloni advirtió a sus aliados que un nuevo revés legislativo podría abrir la puerta a un adelantamiento de los comicios. A esto se suma el crecimiento en las encuestas de Futuro Nazionale, una nueva fuerza de derecha que comenzó a disputar espacio dentro del mismo electorado conservador.
Desde la oposición, el proyecto recibió fuertes críticas. La líder del Partido Democrático, Elly Schlein, acusó al gobierno de modificar las reglas electorales para fortalecer su permanencia en el poder y cuestionó cambios vinculados a la representación política y la participación de las mujeres. En la misma línea, el líder del Movimiento Cinco Estrellas, Giuseppe Conte, sostuvo que la reforma busca concentrar aún más poder en el Ejecutivo.
Mientras tanto, el futuro político del gobierno dependerá de la evolución del proyecto en el Senado y de la capacidad de la coalición oficialista para superar sus diferencias internas. Aunque por el momento no existe una decisión formal sobre un adelanto electoral, el debate sobre esa posibilidad ganó fuerza en Roma y se instaló como uno de los principales temas de la agenda política italiana.

