El jeque Hamad bin Khalifa Al Thani, ex gobernante de Qatar, murió a los 74 años según anunció este domingo el gobierno del emirato. Al Thani había conducido el país entre 1995 y 2013, cuando sorprendió a propios y extraños al abdicar voluntariamente en favor de su cuarto hijo, el jeque Tamim, un gesto sin precedentes en una región donde los líderes suelen aferrarse al poder hasta el final. Heredó un emirato pequeño y prácticamente sin recursos financieros y lo convirtió, en menos de una generación, en una de las naciones más influyentes del mundo árabe y del escenario internacional.

Su llegada al poder no fue menos singular que su salida: en 1995 derrocó a su propio padre mediante un golpe palaciego incruento. Desde entonces, impulsó una transformación acelerada del país apoyada en la explotación de sus vastas reservas de gas natural licuado, la creación de la Qatar Investment Authority para gestionar miles de millones de dólares en inversiones en el exterior, y una diplomacia activa que convirtió a Doha en una plaza ineludible para la política regional. Entre sus iniciativas más resonantes figura el lanzamiento en 1996 del canal de noticias Al Jazeera, que cambió el paisaje mediático árabe y tuvo un rol protagónico durante la Primavera Árabe, aunque también generó fricciones con varios gobiernos de la región y con Washington.

De la Copa del Mundo a la diplomacia con Hamás e Israel

Fue también bajo su mandato que Qatar obtuvo, en 2010, el derecho a organizar la Copa del Mundo de 2022, un logro que completó la estrategia de proyección internacional del emirato a través del deporte. La marca Qatar se consolidó además con la expansión de Qatar Airways como aerolínea global, la compra de los grandes almacenes Harrods en Londres, el patrocinio del Barcelona y la participación mayoritaria en el Paris Saint-Germain. Aunque Al Thani ya había cedido el poder cuando se disputó el torneo, recibió una ovación en el partido inaugural que reflejó el reconocimiento de sus compatriotas.

En el plano diplomático, el ex emir navegó con habilidad entre alianzas que incomodaron tanto a sus vecinos como a Occidente. Mantuvo vínculos estrechos con Irán, financió a Hamás con cientos de millones de dólares destinados a Gaza y respaldó a la Hermandad Musulmana en Egipto, mientras al mismo tiempo albergaba una de las principales bases logísticas del Pentágono y actuaba como mediador en conflictos de Sudán, Líbano y entre facciones palestinas. En 2012 se convirtió en el primer jefe de Estado en visitar Gaza desde que Hamás tomó el control, prometiendo 400 millones de dólares en inversiones. Al mismo tiempo, tendió puentes con Israel y permitió que una oficina comercial israelí operara en Doha hasta el estallido de la guerra de 2008. Esta política exterior de múltiples frentes derivó eventualmente en el boicot que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Baréin y Egipto impusieron a Qatar durante el gobierno de su sucesor.

Su abdicación en 2013 fue interpretada como un intento de adelantarse a las presiones de cambio que trajo la Primavera Árabe y de garantizar una transición ordenada hacia un liderazgo más joven. Desde entonces mantuvo un perfil discreto y escasas apariciones públicas. El gobierno anunció un período de duelo oficial con banderas a media asta y cierre de instituciones públicas, mientras la oración fúnebre se celebró el mismo domingo de su muerte.