Paraguay avanza en el fortalecimiento de su infraestructura fluvial de la mano de Japón, en un contexto regional marcado por la creciente tensión diplomática entre sus dos principales socios comerciales, Argentina y Brasil. El país recibió a mediados de junio la DRM-5 «Paraguay», una moderna draga donada a través de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA), que será inaugurada oficialmente el 19 de agosto durante la visita del príncipe heredero Fumihito de Akishino, quien participará de la ceremonia junto al presidente Santiago Peña.

Una draga clave para la navegabilidad del río Paraguay

Construida en el astillero Fuji Kaiji Kogyo, la embarcación cuenta con una capacidad de dragado de 1.500 metros cúbicos por hora, 64 metros de eslora y 12 metros de manga, lo que la convierte en una de las más potentes de toda la hidrovía. Su incorporación busca optimizar el mantenimiento de los puntos críticos del río Paraguay, por donde transita cerca de la mitad de las importaciones y el 70% de las exportaciones del país. Aunque ya se encuentra en territorio paraguayo, comenzará a operar recién en agosto, coincidiendo con la época de menor caudal del río, mientras técnicos japoneses capacitan durante al menos un mes a los operarios locales de la Administración Nacional de Navegación y Puertos.

La llegada de la draga se produce en un momento de incertidumbre para Asunción respecto al futuro de la Hidrovía Paraguay-Paraná, por donde circula cerca del 80% del comercio exterior paraguayo. Tras la reciente concesión del tramo argentino por parte del gobierno de Javier Milei, crece la preocupación en el sector naviero paraguayo por los eventuales aranceles, mientras que Brasil, por su parte, todavía no definió la licitación de su propio tramo, cuyos términos deberá negociar con Bolivia y Paraguay. En ese escenario, Peña se reunió esta semana con representantes del sector, entre ellos el titular del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos del Paraguay, Bernd Gunther, para coordinar los trabajos de dragado en los pasos con mayor sedimentación y garantizar la navegabilidad durante todo el año.

El otro frente: la crisis diplomática entre Argentina y Brasil

El refuerzo logístico paraguayo llega en paralelo a una de las peores crisis diplomáticas registradas entre Argentina y Brasil en las últimas décadas. El conflicto se profundizó después de que Milei, durante una visita a San Pablo a fines de julio para respaldar la candidatura de Flávio Bolsonaro, calificara a Lula da Silva de «ladrón» y «presidiario» y cuestionara al juez de la Corte Suprema brasileña Alexandre de Moraes. Como respuesta, Brasil llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires y luego decidió no autorizar su regreso, degradando el vínculo diplomático al nivel de encargado de negocios, en un contexto en el que ambos países mantienen una fuerte interdependencia comercial: Brasil es el principal socio comercial de Argentina, mientras que el mercado argentino, pese a la caída reciente de las exportaciones brasileñas hacia ese destino, sigue siendo relevante para la industria automotriz de Brasil.

Paraguay, en el medio de una segunda controversia con Brasil

A ese cruce se sumó, además, una tensión puntual entre Brasil y Paraguay, originada en declaraciones de Lula sobre la Guerra de la Triple Alianza, un conflicto ocurrido hace más de 160 años que dejó una marca profunda en la memoria histórica paraguaya. Durante una visita a una fábrica de armamento, el mandatario brasileño afirmó que Paraguay había invadido a Brasil, Uruguay y Argentina en 1864, lo que generó un repudio inmediato del Congreso paraguayo y la convocatoria del embajador brasileño por parte del Gobierno de Peña. La controversia, que reabrió heridas vinculadas también a un episodio de presunto ciberespionaje brasileño contra Paraguay en 2025 por las tarifas de Itaipú, se resolvió tras una comunicación telefónica entre ambos presidentes.

Un Mercosur bajo presión, pero sin ruptura a la vista

Pese a la intensidad de estos cruces, especialistas consultados coinciden en que la tensión política no necesariamente se traduce en una ruptura económica del bloque regional. Analistas sostienen que la fuerte interdependencia comercial entre los socios del Mercosur —reforzada por la expectativa en torno al acuerdo con la Unión Europea— limita el margen para que las diferencias diplomáticas deriven en una fractura mayor. En ese análisis también entra en juego la dimensión electoral: de cara a los comicios de octubre en Brasil, Lula viene capitalizando el enfrentamiento con Washington y con Milei como parte de un discurso de defensa de la soberanía nacional, aunque los propios especialistas advierten que el peso real de la política exterior en la decisión de voto del electorado brasileño sigue siendo limitado frente a las preocupaciones económicas cotidianas.