A pocos días de la asunción del presidente electo Abelardo De la Espriella, el mandatario saliente de Colombia, Gustavo Petro, convocó a movimientos sociales, indígenas, campesinos y estudiantiles a organizar las denominadas “guardias libertadoras”, una iniciativa que definió como una forma de coordinación comunitaria para enfrentar la violencia en distintas regiones del país. El llamado se produjo en medio de un clima político cada vez más tenso y tras una serie de ataques contra dirigentes vinculados al oficialismo.
A través de sus redes sociales, Petro pidió especialmente a las organizaciones del departamento del Cauca avanzar en la conformación de estos grupos, a los que describió como estructuras que deberían actuar junto al Ejército Nacional frente al accionar de organizaciones criminales. Además, sostuvo que las comunidades decidirán de manera autónoma el alcance de estas guardias y reiteró sus denuncias sobre un presunto fraude en las últimas elecciones presidenciales, resultado que continúa sin reconocer.
Crecen las críticas y refuerzan la seguridad
Las declaraciones del mandatario generaron cuestionamientos desde distintos sectores políticos y académicos. Especialistas en conflicto armado advirtieron que este tipo de iniciativas podría favorecer la aparición de estructuras armadas paralelas o dificultar la diferenciación entre organizaciones civiles y grupos ilegales, en un país que ya enfrenta múltiples focos de violencia. También dirigentes de la oposición señalaron que la propuesta entra en tensión con el marco constitucional colombiano.
El escenario se produce mientras Cali se prepara para recibir el traspaso de mando presidencial del próximo viernes. La ciudad contará con un amplio operativo de seguridad, con más de 11.000 efectivos desplegados, restricciones para el uso de drones y la presencia de delegaciones internacionales, entre ellas varios jefes de Estado y otras autoridades extranjeras.
En paralelo, Petro volvió a cuestionar políticamente a De la Espriella, a quien acusa de representar un proyecto de corte autoritario, mientras el presidente electo mantiene un discurso centrado en reforzar la seguridad frente a los grupos armados ilegales. Durante la campaña, algunas de sus declaraciones sobre la izquierda también despertaron polémica, aunque posteriormente aclaró que sus expresiones se referían al plano político e ideológico.
La tensión política coincide con un contexto de creciente violencia en distintas zonas de Colombia. En los últimos días se registró el asesinato del líder indígena Julián Mauricio Gutiérrez, un ataque armado contra el diputado oficialista Yesid Sandoval —quien resultó ileso— y nuevos enfrentamientos entre el Ejército y grupos armados en el departamento de Nariño, además de un reciente atentado con coche bomba contra una sede policial en Norte de Santander que dejó varios heridos.

