A 18 días de entregar el poder, el presidente colombiano Gustavo Petro protagonizó este lunes su último gran acto público antes del traspaso del mando previsto para el 7 de agosto. El Día de la Independencia arrancó con el último desfile militar que encabezó como jefe de Estado, celebrado por primera vez en Ciudad Bolívar, uno de los sectores más populosos del sur de Bogotá, donde más de 6.000 integrantes de las Fuerzas Armadas y la Policía desfilaron ante miles de personas. Al terminar el acto, la multitud se acercó a la tarima entre consignas de «¡Petro se queda!», y el mandatario pronunció el que fue su último discurso masivo.

Desde ese escenario, Petro lanzó una advertencia directa al gobierno entrante de Abelardo de la Espriella: si la nueva administración deroga las reformas laboral o agraria aprobadas durante su gestión, convocará a una huelga general indefinida. «No se deja quitar una reforma por un Congreso, se va a huelga general indefinida», arengó ante la plaza. También condicionó la paz social a la continuidad de las políticas de redistribución de tierras: «Si van a arrasar con violencia la reforma agraria sobre el campesinado, habrá paro agrario nacional», sostuvo, antes de confirmar que asumirá el liderazgo del Pacto Histórico desde la oposición tras abandonar la presidencia, en lo que definió como una despedida «transitoria».

Petro volvió además a rechazar la legitimidad del resultado electoral que consagró a De la Espriella con el 49,66% de los votos frente al 48,70% de su candidato, Iván Cepeda, en el balotaje del 21 de junio. El mandatario saliente anunció que presentará una demanda para intentar demostrar que Cepeda fue el verdadero ganador y atribuyó la victoria del presidente electo al respaldo del gobierno de Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio.

El balance ante el Congreso y el pulso con Washington

Horas después, Petro se trasladó al Capitolio Nacional para instalar el nuevo período de sesiones ordinarias. En un discurso de casi dos horas que generó quejas de varios legisladores por su extensión, el mandatario defendió los números de su gestión: aseguró que Colombia cierra su gobierno con los niveles más bajos de pobreza, desempleo y desigualdad de las últimas décadas, reivindicó el crecimiento del sector agrícola frente a la dependencia del petróleo y defendió sus avances en política social y sanitaria, pese a que varias de sus reformas no lograron la aprobación del Congreso. También cuestionó la intención del gobierno entrante de restablecer relaciones diplomáticas con Israel y calificó de «genocidio» la ofensiva militar israelí en Gaza.

En el tramo final de su intervención, Petro abordó su conflicto con Estados Unidos, que el año pasado lo incluyó en la lista de la Oficina de Control de Activos Extranjeros por presuntos vínculos con el narcotráfico, acusaciones que siempre rechazó. El mandatario atribuyó esas medidas a su oposición pública a Benjamin Netanyahu y no a razones vinculadas al combate al narcotráfico. «Yo me sigo oponiendo a Netanyahu, así me encierren en una cárcel de Estados Unidos», afirmó, y reveló que Trump suele referirse a él personalmente como «Goodman». También aseguró no temer a una eventual extradición.