La visita de Vladimir Putin a la isla de Iturup, uno de los territorios administrados por Rusia y reclamados por Japón, abrió un nuevo frente diplomático entre Moscú y Tokio. El presidente ruso recorrió una escuela, un hospital y una planta procesadora de pescado, donde también probó caviar, en el primer viaje de un mandatario ruso al archipiélago desde la visita de Dmitri Medvédev en 2010. Para Japón, sin embargo, el desplazamiento fue interpretado como una nueva reafirmación de la soberanía rusa sobre un territorio cuya disputa permanece sin resolver desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, calificó la visita como “absolutamente inaceptable” y sostuvo que las islas reclamadas forman parte del territorio japonés desde el punto de vista histórico y jurídico. El canciller Toshimitsu Motegi convocó al embajador ruso en Tokio para presentar una protesta formal y advirtió que el episodio podría profundizar el deterioro de unas relaciones bilaterales ya afectadas por la guerra en Ucrania.
Una disputa sin resolver desde 1945
El conflicto se concentra en cuatro islas del extremo sur del archipiélago: Iturup, Kunashir, Shikotan y Habomai, denominadas por Japón como los Territorios del Norte. La Unión Soviética tomó el control de la zona tras la rendición japonesa en 1945 y desplazó a miles de habitantes nipones. Moscú sostiene que su soberanía quedó definida como consecuencia de los acuerdos posteriores a la guerra, mientras Tokio continúa reclamando la devolución de los territorios. La controversia impidió hasta ahora que ambos países firmen un tratado de paz que cierre formalmente el conflicto de la Segunda Guerra Mundial.
La importancia del archipiélago excede la cuestión histórica. Las Kuriles ocupan una posición estratégica entre el Pacífico Norte y el mar de Ojotsk, cuentan con importantes recursos pesqueros y yacimientos minerales, y Rusia ha reforzado durante los últimos años su presencia militar en la zona. Iturup, en particular, alberga infraestructura aérea y forma parte del sistema defensivo ruso en su extremo oriental, un factor que añade una dimensión de seguridad a la disputa territorial.
El viaje de Putin se produjo después de una visita a la isla de Sajalín, donde participó en actividades vinculadas a la seguridad de las fronteras orientales de Rusia y coincidió con maniobras militares en la región. En los días previos, el mandatario había defendido la posición rusa sobre las islas y cuestionado las sanciones impuestas por Japón desde el inicio de la invasión a Ucrania. Moscú respondió a las protestas japonesas acusando a Tokio de adoptar una postura antirrusa y de insistir en reclamos que considera superados.
La visita vuelve a poner de manifiesto cómo una disputa territorial de más de ocho décadas se entrelaza ahora con el deterioro general de las relaciones entre Rusia y Japón. Tokio se sumó a las sanciones occidentales contra Moscú y Rusia suspendió los mecanismos de negociación sobre el tratado de paz, mientras el fortalecimiento de los vínculos rusos con China y Corea del Norte incrementa las preocupaciones de seguridad japonesas. En ese contexto, la presencia de Putin en Iturup no solo reactivó una vieja controversia sobre las Kuriles, sino que también dejó expuestas las escasas perspectivas de un acercamiento entre ambos países en el corto plazo.

