La justicia siria dictó este martes su primera sentencia pública contra el ex dictador Bashar al-Assad desde la caída de su régimen en diciembre de 2024. El Cuarto Tribunal Penal de Damasco lo condenó a muerte en ausencia por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad cometidos durante los casi 14 años de conflicto que devastó el país y dejó alrededor de medio millón de muertos. El proceso, que comenzó el 26 de abril y se desarrolló en nueve audiencias, fue transmitido en vivo por la televisión estatal siria. «Bashar al-Assad utilizó organismos estatales para cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad», declaró el juez Fakhareddine al-Aryan al leer el fallo.

La sentencia declaró a Assad culpable de asesinatos premeditados, torturas, detenciones arbitrarias y crímenes de lesa humanidad vinculados a la represión desplegada por sus fuerzas contra opositores y manifestantes desde el estallido de la guerra civil en 2011. En el mismo fallo también recibieron la pena de muerte su hermano menor, Maher al-Assad —quien comandó la temida Cuarta División Blindada, señalada por organizaciones de derechos humanos por graves abusos— y otras seis personas juzgadas en rebeldía. Ninguno de ellos estuvo presente en el juicio, ya que Assad y su hermano permanecen exiliados en Rusia desde que abandonaron Siria tras la ofensiva rebelde que puso fin a más de cinco décadas de dominio de la familia Assad.

El único de los principales acusados que sí estuvo presente fue Atef Najib, primo materno de Assad y ex jefe de la rama de Seguridad Política en la provincia de Daraa, que también fue condenado a muerte. Najib fue capturado en una redada en Latakia en enero de 2025 y se convirtió en uno de los funcionarios de mayor rango del régimen en ser llevado ante la justicia. Durante el juicio, permaneció dentro de una jaula y vestido con uniforme de prisionero mientras el magistrado leía la sentencia. Una multitud se congregó frente al tribunal en el centro de Damasco para escuchar el veredicto, y en la provincia de Daraa hubo celebraciones al conocerse el fallo.

El papel de Najib y el origen de la guerra

El caso de Najib tiene una dimensión simbólica particular: se le atribuye haber encendido la mecha que derivó en el levantamiento popular sirio. En 2011, como jefe de seguridad en Daraa, ordenó la detención y tortura de un grupo de adolescentes que habían pintado grafitis antigubernamentales en la pared de una escuela. La reacción popular ante esos abusos desencadenó protestas masivas que el régimen reprimió brutalmente, y que con el tiempo se convirtieron en la guerra civil más larga y destructiva de la historia reciente de Medio Oriente. El tribunal también señaló que las fuerzas bajo su mando asaltaron en reiteradas ocasiones la mezquita Omari de Daraa, el corazón simbólico de las primeras manifestaciones, donde murieron decenas de personas.

Assad gobernó Siria desde 2000, cuando sucedió a su padre Hafez al-Assad, y su régimen se sostuvo durante años gracias al apoyo militar de Rusia e Irán. Todo cambió en diciembre de 2024, cuando una ofensiva relámpago liderada por el grupo Hayat Tahrir al-Sham tomó Damasco en cuestión de días. El 8 de diciembre, el régimen colapsó y Assad huyó a Moscú junto a su familia. El Kremlin le otorgó asilo y desde entonces las nuevas autoridades sirias han solicitado su extradición sin éxito. La ejecución efectiva de la pena capital, en ese contexto, depende de que Rusia entregue a los hermanos Assad a la justicia siria, algo que por ahora aparece como un escenario muy poco probable.