Rusia aceptó, en principio, reanudar las conversaciones trilaterales con Ucrania y Estados Unidos después del 10 de noviembre, en un nuevo intento diplomático para poner fin a la guerra. El anuncio llegó tras una reunión de aproximadamente tres horas entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y el enviado especial de Donald Trump, Steve Witkoff, en San Petersburgo. El acercamiento se produjo un día después de que el representante estadounidense se reuniera en Oslo con Volodímir Zelenski y dirigentes europeos para discutir posibles alternativas al conflicto.
Según informó Yuri Ushakov, asesor de política exterior del Kremlin, Moscú está dispuesto a retomar el diálogo y planteó que las conversaciones incluyan garantías de seguridad para Rusia y Ucrania una vez finalizadas las hostilidades. Witkoff llevó a Putin propuestas elaboradas durante los contactos con Kiev y sus aliados, con la intención de que los equipos técnicos evalúen posibles caminos hacia un acuerdo. Sin embargo, todavía no se anunció una fecha definitiva para el encuentro ni hubo señales de un entendimiento concreto sobre las principales diferencias entre ambos países.
En paralelo, Zelenski manifestó su disposición a aceptar un alto el fuego que congele las actuales líneas del frente, incluso si eso implica que Rusia conserve temporalmente los territorios que ocupa desde 2022. En una entrevista con Fox News, el mandatario ucraniano consideró que detener los combates en las posiciones actuales podría ser una vía realista para terminar la guerra. También remarcó que cualquier cese de hostilidades debería estar acompañado por garantías de seguridad de Estados Unidos y Europa para evitar nuevas ofensivas rusas.
Las diferencias territoriales siguen siendo el principal obstáculo
La apertura de Kiev al congelamiento del frente no supone una renuncia formal a los territorios ocupados ni resuelve las condiciones de un eventual acuerdo de paz. Moscú y Ucrania mantienen posiciones distantes, en particular por las exigencias rusas sobre el Donbás y el futuro de las zonas bajo control militar. Mientras el presidente finlandés, Alexander Stubb, calificó de positivos los contactos celebrados en Oslo, los ejércitos de ambos países continúan intercambiando ataques y no se ha establecido un alto el fuego.
La iniciativa diplomática también se desarrolla bajo la presión de Trump, quien busca que Kiev y Moscú alcancen un entendimiento para detener los combates. El acercamiento entre Washington y el Kremlin se produce en un contexto más amplio de contactos económicos y políticos, mientras Putin propuso que el presidente estadounidense se reúna con él y con el mandatario chino, Xi Jinping, en China durante noviembre. La posibilidad de una cumbre de ese tipo abre interrogantes sobre el papel que tendrían Ucrania y los países europeos en las discusiones sobre el futuro del conflicto.
Pese a los nuevos contactos, el resultado de las negociaciones sigue siendo incierto. La disposición de Zelenski a congelar las posiciones militares y la aceptación preliminar de Putin para retomar el formato trilateral representan señales de movimiento diplomático, pero todavía quedan por resolver cuestiones centrales sobre el territorio, las garantías de seguridad y las condiciones para un cese duradero de las hostilidades. Por ahora, el objetivo inmediato de las gestiones impulsadas por Washington es reabrir el diálogo y determinar si las propuestas presentadas pueden acercar a las partes a un acuerdo.

